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Varias camisetas rojiblancas cuelgan en los tendederos de las ventanas de Arrigorriaga, un pueblo que está a diez minutos de Bilbao. Es sábado, es día de partido y todo el mundo se prepara para la cita en San Mamés. El día antes, por la tarde, un hombre responde al móvil por cuarta vez para decir que no quiere dejar ni alquilar su carnet para el partido. Por la mañana se había colgado el cartel de no hay entradas en las taquillas de 'La Catedral' pese a lo inusual de la hora y el rival; pues el Athletic Club jugaba a las cuatro de la tarde ante el colista. Todo el mundo está loco por ir a San Mamés. Es el penúltimo partido oficial que se juega allí –el campo nuevo ya está casi construido y el viejo se derribará al finalizar la temporada– y los leones no tienen asegurada la salvación; es un choque clave.Una hora antes del encuentro los aledaños del estadio están abarrotados de hinchas que se acercan a su templo. En las taquillas sigue inmutable el cartel que anuncia que no quedan localidades, pero aun así se forma una cola con más de doscientas personas que albergan la esperanza de que en cualquier momento se asome alguien por la ventanilla. Otros buscan su suerte en la reventa; se sitúan en la zona habitual, pero no hay nada que hacer. Nadie quiere perderse el partido.Poco antes de las cuatro de la tarde suena el himno y los jugadores saltan al campo. Toda la afición canta el himno. Al Mallorca ya le han comido parte de la moral en ese instante. Se palpan la tensión y los nervios en el ambiente desde los primeros compases del partido. El Athletic se adelanta, pero la grada  no está tranquila y decae para aparecer intermitentemente en los momentos vitales. Los leones están jugando con uno más y no logran dominar el partido ante el farolillo rojo de primera división. En la segunda parte sale Llorente, otrora ídolo de la afición local, y los pitidos resuenan en el estadio.Finalmente el Athletic se impone a los bermellones 2-1 en un partido gris, y gracias a un gol de Llorente. "No ha sido un partido muy lucido, pero lo más importante es el resultado, la salvación está casi asegurada", destacan todos al salir del campo. En cambio, el Mallorca se hunde un poco más. Sin embargo, la afición, famosa por su nobleza y su exigencia, despide a los perdedores entre aplausos. Los cuatrocientos hinchas del Mallorca responden al grito de “Athletic, Athletic”. Es un momento eléctrico. Es San Mamés en estado puro.Cien años de historia y pasiónPoco debían sospechar en 1892 unos jóvenes ingleses que empezaron a jugar a fútbol en las campas de Lamiako, en el hipódromo ubicado en aquella vega, que iban a ser los precursores de una entidad centenaria que comulga con la villa de Bilbao y se mueve con la fuerza de todo un pueblo.No tardaron los oriundos del lugar en retar a los británicos y el 4 de mayo de 1894 se jugó el primer partido entre locales y foráneos. Los británicos ganaron y luego tuvieron la desfachatez de invitar a los perdedores a unos pollos asados. Otros jóvenes se animaron a jugar por la provincia y en 1898 se formó el Athletic. En 1901 se constituyó legalmente el Athletic Club, a quien años después se le uniría el Vizcaya para formar un club con una filosofía tan singular. Hasta 1909 jugaron en Lamiako; más adelante lo hicieron en Jolaseta, en Neguri, y en 1913 pasaron a hacerlo en San Mamés.El 21 de agosto de 1913 se estrenó el nuevo campo del Athletic, bajo el nombre de San Mamés, por la vecindad con un asilo con el mismo nombre  que había inaugurado Amadeo de Saboya en 1872, en los terrenos que antiguamente había habido una ermita dedicada al mártir que domó a los leones que debían matarle. Para inaugurar el nuevo estadio se jugó un triangular entre el Athletic Club, el Racing Club de Irún y el Shepherd's Bush FC. Los británicos se impusieron a los dos conjuntos vascos y ganaron el torneo.El resultado más abultado que ha logrado el Athletic en su feudo es el 12-1 que le endosó al Barça en la temporada 1930-1931. Fueron los propios culés los que le devolvieron la paliza a los leones, logrando un 0-6 en la temporada 1990-1991, sesenta años después.Con el paso del tiempo San Mamés se ha convertido en un estadio mítico con un público que reconoce el buen hacer de los rivales y nunca deja de animar a los suyos, aunque todo este en contra. Muchos son los que describen el campo como un lugar poco común. Su afición no tiene reparos en despedir entre pitos a genios como Andrés Iniesta –por una acción con Amorebieta hace algunos años, en la que el manchego exageró en una entrada del central y forzó su expulsión– y brindar una estentórea ovación a su compañero de equipo y selección, Xavi Hernández.El Athletic depende mucho de la comunión entre equipo y afición. Javier Clemente aseguró que "es imposible que el Athletic sea campeón si el equipo y la afición no están unidos". Hubo un tiempo en que ganar campeonatos no era ninguna bilbainada. El Bobby Charlton de San Mamés –así llamaban al de Barakaldo cuando era jugador– fue el último entrenador que surcó la ría en la gabarra, en 1984. Ismael Uturbi, jugador de aquel equipo, señala que el campo "era clave y el rival ya venía protestando". Aquellos años "la afición fue un jugador más” y el conjunto rojiblanco "se basaba mucho en San Mamés".Lejos quedan aquellos tiempos. Las grandes noches que recuerdan los más jóvenes son la remontada ante el Sevilla en la Copa de 2009; el baile al Manchester United la temporada pasada en los octavos de final de la Europa League; o las remontadas ante Osasuna y Betis cuando el Athletic perdía 0-3 en la temporada 2004-2005.Rituales y símbolosVarios son los rituales de San Mamés. Al lado del palco principal hay un busto de Pichichi al que todos los equipos que debutan en 'La Catedral' le hacen una ofrenda floral. Además, los jugadores, poco antes de saltar al verde, rezan un padrenuestro dirigido por el capitán, para acabar con un "¡bat, bi, hiru, Athletic!". Justo antes del partido tiene lugar el último ritual, los titulares hacen una piña y entonan un "¡Athletic!" que se pierde entre el clamor de los seguidores. Son sus gritos de guerra.El arco, otro de sus rasgos característicos, fue una solución arquitectónica para suprimir las columnas en la tribuna. Se instaló en 1957 y se ha descartado la posibilidad de instalarlo en el nuevo estadio. De momento se guardará hasta que decidan qué hacer con él. "Un Bilbao sin San Mamés sería como un París sin la Torre Eiffel", dice Luis Fernández, exentrenador rojiblanco. El arco es una de las cosas que se ven al entrar por cualquier punto a la villa."Una caja con una resonancia y una repercusión infinitas""Jugar en San Mamés es algo maravilloso, cómo la gente nos apoya y me siento muy afortunado de poder jugar aquí. Este campo huele a fútbol, en cuanto lo pisas te das cuenta. Es algo increíble", dice uno de los capitanes del conjunto rojiblanco, Carlos Gurpegi, al término del partido frente al Mallorca. Al ser preguntado por sus mejores recuerdos jugando en casa, no tiene dudas, la semifinal de Copa del Rey de 2009, cuando el Athletic remontó ante el Sevilla y la semifinal dela Europa League contra el Sporting de Lisboa el año pasado.Iribar, santo y seña del club vizcaíno durante la década de los sesenta y setenta, tiene un adjetivo para describir el campo: "mágico". Los mejores recuerdos del 'Txopo' en la que fuera su casa durante dieciocho años son la victoria 5-0 frente al Real Madrid, en 1970 y la final de la UEFA ante la Juventus en 1977. "Yo creo que alguna lágrima va a caer. Será un ambiente extraordinario, emotivo y seguro que el campo está lleno", dice sobre el último partido que se jugará allí. Para Josu Urrutia, exjugador y actual presidente de la entidad, San Mamés es "pasión, ilusión y sentimiento"."Me llama mucho la atención que la gente hable del himno del Liverpool en Anfield. Yo suelo decir que si no han ido a San Mamés a escuchar el himno del Athletic cuando van a salir los jugadores y todo el mundo canta. Es la esencia y el sabor que más te acerca a un partido. De eso me acuerdo constantemente. Es incomparable ponerte en el túnel de San Mamés y oír el himno. El año pasado cuando fuimos a San Mamés a jugar y empezó a sonar el himno, yo estaba arriba en el vestuario y me eché quince años atrás. Por eso se ganan la solera los campos", dijo en una entrevista Míchel, exjugador y entrenador.Marcelo Bielsa, actual entrenador, ha comentado en la rueda de prensa previa al último partido oficial, que se jugará frente al Levante, que "lo que hace histórico a un estadio no es su arquitectura sino lo que paso allí". Destaca que "San Mamés siempre reconoció los momentos de debilidad de su propio equipo". "Te da la mano para que no te ahogues y tiene una forma de comunicarse con los protagonistas. He podido observar los mensajes que emite a los jugadores", apunta. En otra ocasión comentó "que agradecía al fútbol la oportunidad de haber estado en 'La Catedral'" y la describió como "una caja que contiene el sentimiento Athletic con una resonancia y una repercusión infinitas".Los elegidos por el rosarino para jugar este domingo el último partido oficial son Iraola, Gurpegi, San José, Aurtenetxe, De Marcos, Iturraspe, Herrera, Susaeta, Aduriz y Muniain. Quedará un partido más, el de despedida, frente a un combinado vizcaíno dirgido por Tetxu Rojo e Iñaki Sáez; pero como dijo un aficionado, "el verdadero San Mamés nunca será derruido porque está en nuestros corazones".


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