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La práctica de la infidelidad puede generar muy buenos negocios. Las necesidades de los infieles permiten montar las más variadas empresas y comercializar una inmensa cantidad de productos y servicios.

Si no lo cree, pregúntele a los dueños de Ashley Madison, un portal para infieles: partió en 2002 y hoy cuenta con 23 millones de usuarios en todo el planeta. A Chile llegó el 2012 y en una semana se inscribieron más de 200 mil personas. La empresa ha sido un fenómeno global: está presente en 29 países y, el año pasado, su facturación superó los 90 millones de dólares. Es claro que “había una laguna que este modelo de negocio llenó”, como dice la portavoz de Second Love, otro de estos populares sitios. 
Dentro de los negocios que se nutren del amor clandestino, hay uno clásico y que convive con todo el modernismo: la prostitución. Obviamente, ha habido profundas transformaciones en la oferta y la demanda.
Por ejemplo, la integración de extranjeras. O de estudiantes universitarias que –a cambio de sexo- reciben el dinero que requieren para pagar los costosos aranceles de la educación con fines de lucro. Lo hacen, por ejemplo, respondiendo a avisos como el siguiente (real): "Profesional, buen nivel social y económico, ofrece ayuda económica a cambio de sexo. Las prefiero de cuerpo normal o delgadas. Abstenerse trabajadoras sexuales. Valor de la ayuda a conversar. Interesadas, por favor, contactarse". 
La demanda crece y crece. Por ejemplo, se sumó un nuevo segmento: los no "farreros", que se recogen temprano e, incluso, pasan a buscar a la señora al trabajo. Miles de hombres que son infieles de día porque hay ofertas para serlo. Y surgen negocios tras negocios, como el de los británicos Edward y Lucinda Hale, que inventaron una liga con microchip para detectar la infidelidad en mujeres: el dispositivo controla el ritmo cardíaco de la arteria femoral y el grado de humedad de la infiel. En caso que la adrenalina y la temperatura suban por estar con quien no debe, automáticamente le llega al engañado un mensaje de texto… Aunque la infidelidad es tan vieja como el hilo negro, es Internet la que la ha convertido en un negocio increíblemente lucrativo. Si la idea es tener una aventura de forma rápida y sin dejar rastro, la web ha sido el mejor aliado. 
A través de estas empresas se puede conocer a alguien sólo “para tener sexo sin compromiso, coquetear sin ataduras, o tener un romance fugaz de un par de semanas”, como lo “marketean” sus dueños. El negocio crece y crece y se vuelve más sofisticado. Ashley Madison, Second Love, Romance Secreto, Gleeden o Victoria Milan son algunos de los sitios que ponen en contacto, a un golpe de clic y con la máxima confidencialidad, a quienes quieren ser infieles. 
A Ashley Madison le va bien hasta en los países con graves crisis económicas, como España. Como dice uno de sus ejecutivos en ese país, Christoph Kreumer, “con los problemas económicos surgen más problemas en las parejas, pero la gente no se separa”, de modo que ahí es donde entra en juego Ashley Madison… Un país donde la empresa fue recibida con los brazos abiertos fue Japón. “No hubo crítica porque no existe un concepto peyorativo de la infidelidad, el único problema es que te descubran”, agrega Kreumer. Fue el primer país donde las mujeres inscritas doblaron a los hombres…La empresa cree que en la buena o mala acogida influye la cultura.
“En los países en los que predomina el budismo, la ausencia del concepto de culpa judeocristiano hace que la cultura sea más abierta y comprensiva con marcas como Ashley Madison”, señalan. 
Según diversos estudios, el perfil del usuario tipo de estas redes es el de hombres y mujeres heterosexuales de 31 a 40 años, casados o que conviven con sus parejas por al menos un año, de clase media alta, con estudios superiores y, en muchos casos, con hijos. Las mujeres son más proclives que los hombres a buscar relaciones sexuales a través de estas redes: hay estudios que señalan que una de cada tres mujeres le fue infiel a su pareja por Internet. Ocurre que el servicio es gratis para ellas. Son los hombres los que pagan. “Para los hombres siempre han existido lugares en los que tener una infidelidad. Ashley Madison está diseñado para que las mujeres se sientan cómodas y seguras”, justifica Kreumer. 
Otro lucrativo negocio fue creado en 1999 por un grupo de argentinos. Se trata de “Zcuza”, una empresa de coartadas y encubrimiento “con el más alto nivel y profesionalismo”, según su publicidad. Al nacer, la empresa se describió como “la primera agencia latina de coartadas personales", con 18 actores y creativos, como ellos se definían. El 2000 ya estaban cubriendo todo Argentina y países limítrofes. 
Lo más probable es que el vertiginoso aumento de negocios ligados a la infidelidad haya sido uno de los efectos del modelo económico implantado en Chile en la década de los ‘80, que busca ofrecer al mercado todo lo que se presume tendrá demanda. Y como la demanda es cada día mayor, la plata es muy “dulce" porque es muy fácil sacarle una enorme plusvalía al gorreo… 
El viejo dicho dice que “la ocasión hace al ladrón…”. ¿Será que el frío e impersonal mundo del dinero descubrió que en cada mujer y hombre hay un potencial ladrón, perdón, potencial infiel, y decidió brindar “la ocasión” en las más variadas e imaginativas formas? 

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