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1. Hacer un trío
“El sexo entre dos es algo hermoso, pero entre cinco es fantástico”, dijo Woody Allen. Hacer un trío es una de las fantasías sexuales más comunes entre hombres y mujeres. Una consecuencia lógica para cualquier mente mínimamente inquieta y con ganas de darle la vuelta a las cosas, que puede fácilmente preguntarse cómo será el sexo con la introducción de un tercer personaje. En las parejas de larga duración y con cierta curiosidad erótica, la perspectiva de un trío aparece antes o después, debido al hecho de que el número dos, que generalmente se aburre solo, tiende siempre a expandirse.
Sugieren dos reglas: sexo seguro con preservativo y evitar hacerlo con alguien con quien se tengan vínculos afectivos.
2. Probar con una persona de tu mismo sexo
En el sexo, como en todos los ámbitos de la vida, uno puede ir en plan turista, buscando principalmente la seguridad, el confort y la ausencia de problemas, o hacerlo a la manera de los viajeros, donde la incertidumbre, la incomodidad, el polvo y los imprevistos están a la orden del día, pero también las experiencias más vivas y menos artificiales.
Los que elijan el camino cuesta arriba llegarán más cansados, pero tendrán también mejores vistas, una vez alcanzada la cima. Si entendemos la sexualidad como un viaje y no como una excursión organizada, es muy probable que, en algún momento de nuestras vidas, nos preguntemos qué hay detrás de la valla de la heterosexualidad y queramos probar una experiencia con alguien del mismo sexo.
Según un artículo del Huffington Post titulado 11 Cosas que siempre quiso saber sobre el sexo lésbico y nunca se atrevió a preguntar, el 80% de las mujeres heterosexuales ha tenido fantasías lésbicas.
“Hace años escribí un artículo sobre amor entre mujeres y hablé con muchas. Algunas eran homosexuales puras, otras bisexuales y otras habían pasado por épocas heteras u homo, alternativamente. Pero recuerdo que dos de las que habían mantenido relaciones con hombres me comentaron que tuvieron su primer orgasmo con el sexo lésbico, que les aportó una considerable dosis de sensualidad y les ayudó a conocer a fondo el cuerpo femenino”.
3. Practicar el sexo con alguien que no hable ni una sola palabra de tu idioma
Durante años hemos escuchado el mantra de que la comunicación es la base de una buena relación, pero no todo el mundo está de acuerdo con eso. Por lo pronto, la psicóloga norteamericana Sue Johnson, especializada en la terapia focalizada en las emociones, lo que los anglosajones llaman ETF (Emotionally Focused Therapy), y autora del libro Abrázame fuerte: Siete conversaciones para un amor duradero (Urano, 2009) sostiene que los cimientos para una buena armonía en la pareja pasan por establecer una conexión emocional segura y fortalecer el vínculo afectivo.
Johnson describe en su obra cómo en sus inicios como terapeuta de parejas se dio cuenta de que éstas no querían ser razonables y que el amor tenía más que ver con cosas no negociables ni lógicas que con argumentos intelectuales.
Las emociones pueden expresarse de palabra, pero parece que no es tan importante lo que se dice sino cómo se dice y, de la misma forma que a los bebés no solo hay que comunicarles que se les quiere sino que es más importante abrazarlos, tocarlos, jugar con ellos y demostrarles nuestro afecto, más con hechos que con palabras, lo mismo nos ocurre a los adultos.
Cuando no hay vocabulario, hay que recurrir a otro lenguaje, generalmente más rico y que todos conocemos, y que describe mucho mejor nuestras emociones.
4. Explorar el sexo tántrico
Hace cientos de años los tántricos desarrollaron su doctrina para adquirir un mayor nivel de consciencia y se valieron del sexo porque estaban convencidos de que la sexualidad es la mayor fuente de energía de que dispone el ser humano.
Hoy en día, la palabra tantra nos remite automáticamente a la idea de una serie de prácticas sexuales para retrasar la eyaculación y potenciar el orgasmo.
Según Munindra, “la sexualidad que habitualmente tenemos es bastante inconsciente y, aunque aprendamos cosas nuevas, ésta se rige habitualmente por un patrón demasiado mecánico. Con el tantra podemos hacer que se vuelva algo más consciente, lo que hará que disfrutemos más de ella y que además, a través de nuestras relaciones sexuales podamos empezar a descubrir cosas y crecer en otros ámbitos de nuestra existencia”.
5. Tener una aventura
Antes que nada aclararé que mi idea de amante se corresponde con la de una persona a la que se ve casi exclusivamente para tener sexo y con el que nos une un vínculo puramente sexual; no hace falta tener pareja para tener un amante, se puede hacer perfectamente estando soltero. Lo interesante de esta propuesta es el hecho de relacionarse con alguien por motivos estrictamente sexuales, sin ánimo de lucro y cuyo fin primordial es rendir culto a la lujuria.
Un compañero sexual sin compromiso con el que explorar las diferentes facetas de la sexualidad es un perfecto entrenamiento para crecer en este ámbito, además de proporcionar una sensación de aventura gracias a los encuentros en lugares poco comunes, la puesta en práctica de nuevas posturas, las visitas imprevistas a altas horas de la madrugada y demás ideas que vayan surgiendo por ambas partes.

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